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Lesión del iliopsoas en perros: una causa oculta de cojera
La lesión del iliopsoas en perros puede permanecer oculta durante semanas porque el músculo se encuentra en una zona profunda, junto a la región lumbar, la pelvis y la cara interna del fémur. El conjunto formado por el psoas mayor y el ilíaco participa en la flexión de la cadera y ayuda a estabilizar la columna lumbar. Cuando sus fibras o su tendón sufren una distensión, el perro puede seguir apoyando la extremidad, pero acorta el paso y evita determinados movimientos. El problema se observa con frecuencia en perros deportivos, animales muy activos y pacientes que resbalaron, separaron demasiado las extremidades posteriores o realizaron una arrancada brusca. También puede aparecer como lesión secundaria. Un perro que cojea por rotura del ligamento cruzado craneal, displasia de cadera o dolor lumbosacro modifica el uso de la extremidad y sobrecarga el iliopsoas. En esos casos, tratar solamente el músculo sin reconocer la enfermedad principal favorece las recaídas. Los signos varían. Algunos perros presentan cojera después del ejercicio y parecen normales cuando descansan. Otros evitan saltar, subir al automóvil, correr o extender la extremidad hacia atrás. Puede haber dolor en la ingle, aunque no siempre existe una inflamación visible. En lesiones crónicas, el tutor puede notar menor rendimiento, pasos más cortos, dificultad para sentarse de forma simétrica y pérdida de masa muscular en el muslo. Durante la exploración ortopédica, la combinación de extensión de la cadera y rotación de la extremidad puede tensar el iliopsoas y reproducir el dolor. La maniobra debe realizarse con cuidado, porque forzar una articulación dolorida puede aumentar las molestias. El veterinario también examina la rodilla, la cadera, la columna y los demás músculos para detectar causas simultáneas. La localización precisa es importante porque el dolor lumbar, la enfermedad de cadera y la lesión del iliopsoas pueden coexistir. Las radiografías son útiles para evaluar huesos y articulaciones, pero una radiografía normal no descarta una distensión muscular. La ecografía musculoesquelética puede mostrar alteración de las fibras, edema, fibrosis o lesiones próximas a la inserción en el trocánter menor. La resonancia magnética aporta más detalles en casos seleccionados. Las imágenes deben interpretarse junto con la historia y la exploración física, ya que pequeñas asimetrías no siempre explican la cojera. La recuperación suele requerir una reducción temporal de las actividades que estiran el músculo o exigen movimientos explosivos. Esto no significa mantener a todos los pacientes completamente inmóviles durante un tiempo indefinido. El plan puede combinar paseos controlados, analgesia prescrita, recursos físicos y ejercicios progresivos. La rehabilitación veterinaria ayuda a recuperar movilidad, fuerza del tronco y control de las extremidades sin adelantar cargas que el tejido todavía no tolera. Los estiramientos realizados sin supervisión requieren cautela. Una extensión intensa de la cadera puede volver a lesionar fibras en cicatrización, sobre todo en la fase inicial. El regreso a las carreras, los saltos y los juegos debe basarse en la ausencia de dolor, la simetría de la marcha y la fuerza, no únicamente en el número de días transcurridos. Cuando existe pérdida muscular, el fortalecimiento gradual también reduce compensaciones y protege otras estructuras. El pronóstico suele ser favorable en lesiones leves o moderadas correctamente identificadas, pero los casos crónicos pueden necesitar más tiempo y la investigación de enfermedades asociadas. Si la cojera reaparece después del ejercicio, el perro evita extender una extremidad posterior o las radiografías previas no explicaron el problema, debe considerarse el iliopsoas. Una conducta individualizada evita un reposo insuficiente, una rehabilitación excesiva y el regreso prematuro a la actividad. Referencia bibliográfica: Spinella, G.; Davoli, B.; Musella, V.; Dragone, L. Observational Study on Lameness Recovery in 10 Dogs Affected by Iliopsoas Injury and Submitted to a Physiotherapeutic Approach. Animals, v. 11, n. 2, 419, 2021. doi: 10.3390/ani11020419. Referencia bibliográfica: Cannon, M. S.; Puchalski, S. M. Ultrasonographic evaluation of normal canine iliopsoas muscle. Veterinary Radiology & Ultrasound, v. 49, n. 4, p. 378-382, 2008. doi: 10.1111/j.1740-8261.2008.00385.x.

Perro vomitó después de tomar el medicamento: ¿qué hacer?
Ver a tu perro vomitar después de tomar un medicamento puede generar preocupación y dudas sobre cómo actuar. Este tipo de situación no es rara en la rutina veterinaria, y entender las posibles causas, riesgos y qué hacer es fundamental para garantizar la salud de tu mascota. En este artículo, vamos a explicar por qué esto puede ocurrir, cuándo debes preocuparte y cuáles son los próximos pasos recomendados. Algunos perros, como este Yorkshire Terrier, pueden presentar vómitos después de tomar medicamentos. Saber cómo actuar es esencial para su bienestar. ¿Por qué mi perro vomitó medicamento? Existen varias razones por las cuales un perro puede vomitar después de recibir un medicamento. Algunas de las causas más comunes incluyen:
Irritación gástrica: Ciertos medicamentos, especialmente antiinflamatorios, antibióticos y analgésicos, pueden irritar el estómago, sobre todo si se administran sin alimento. Esto puede provocar náuseas y vómitos.
Hipersensibilidad o alergia al medicamento: Aunque es poco común, el vómito puede ser una reacción alérgica al principio activo, a los excipientes o a los conservantes presentes en el comprimido o en la solución.
Administración incorrecta: Si el medicamento se administra de forma brusca, sin diluir adecuadamente o con demasiada fuerza, el animal puede atragantarse, estresarse y vomitar poco después.
Estómago vacío o demasiado lleno: Administrar medicamentos con el estómago completamente vacío o justo después de una comida abundante también puede predisponer al vómito. Algunos fármacos requieren un intervalo específico para que la absorción sea ideal.
¿Cuándo el vómito es motivo de preocupación?
Debes estar atento a los siguientes signos:
El perro vomita todas las veces después de tomar el medicamento.
El vómito viene acompañado de diarrea, apatía o fiebre.
El perro presenta salivación excesiva, temblores o hinchazón en el rostro.
El vómito ocurre varias horas después de la medicación, lo que puede indicar que no está directamente relacionado con la administración del fármaco.
El animal está en tratamiento por una condición grave (como una infección, dolor intenso o postoperatorio), y no absorber el medicamento puede comprometer su recuperación.
En estos casos, es fundamental contactar al médico veterinario de inmediato.
¿Qué hacer si mi perro vomita después de tomar el medicamento?
Observa el tiempo entre la medicación y el vómito: Si el perro vomita hasta 30 minutos después de la administración, es posible que el medicamento no haya sido absorbido. Esto debe ser comunicado al veterinario, quien podrá indicar si es necesario repetir la dosis. Nunca la repitas por cuenta propia.
Verifica si el comprimido fue expulsado: A veces, la pastilla aparece entera en el vómito. Si la ves claramente, es señal de que no fue absorbida, y puede ser necesario administrarla nuevamente bajo orientación profesional.
No repitas la dosis de inmediato: Dar el medicamento otra vez sin orientación puede causar más irritación. Espera la recomendación del veterinario antes de volver a administrarlo.
Protege el estómago en la próxima administración: Algunos medicamentos pueden darse con comida para reducir la irritación gástrica, pero esto debe ser aprobado por el veterinario, ya que en ciertos casos el alimento puede interferir en la absorción del fármaco.
Consulta al veterinario por alternativas: Si tu mascota tiene vómitos con frecuencia al medicarse, puede ser necesario cambiar el tipo de medicamento, la presentación (comprimido, líquido, inyectable) o incluso asociar un protector gástrico.
Consejos para evitar vómitos después de la medicación Administra el medicamento siempre siguiendo las indicaciones del veterinario.
Pregunta si debe darse con o sin alimento.
Usa un premio o golosina para disimular el sabor del medicamento, si está permitido.
Mantén al perro tranquilo y en reposo después de la medicación.
Evita forzar la administración, ya que el estrés también puede causar vómito. Conclusión
Aunque el vómito después de tomar un medicamento puede ser un signo de reacción adversa, la mayoría de las veces se debe a irritación gástrica o a una administración incorrecta. Lo más importante es mantener la calma, observar a tu mascota y contactar al veterinario antes de repetir o suspender cualquier medicamento. Así, garantizas la seguridad y eficacia del tratamiento de tu mejor amigo.
Referencias:
Papich, M. G. (2021). Saunders Handbook of Veterinary Drugs: Small and Large Animal. Elsevier. Plumb, D. C. (2018). Plumb's Veterinary Drug Handbook. Wiley-Blackwell. Sobre el autor del texto
Dr. Felipe Garofallo es médico veterinario especializado en ortopedia y neurocirugía de pequeños animales. Es fundador de la clínica Ortho for Pets, ubicada en São Paulo, Brasil, un centro de referencia en cirugía ortopédica veterinaria. Agenda una consulta presencial u online por WhatsApp: +55 (11) 97522-5102.
Síndrome del cachorro nadador: ¿cuándo iniciar la fisioterapia?
El síndrome del cachorro nadador es una alteración del desarrollo en la que el cachorro mantiene las patas abiertas hacia los lados y mueve las extremidades como si nadara, sin poder sostener el cuerpo de forma normal. Los signos suelen hacerse evidentes cuando sus hermanos empiezan a levantarse y caminar. Puede afectar las patas traseras, las delanteras o las cuatro, y algunas camadas presentan más de un cachorro afectado. No existe una causa única confirmada. La predisposición genética, la conformación corporal, el aumento rápido de peso, los pisos resbaladizos y las alteraciones neuromusculares se consideran posibles factores. El tórax puede aplanarse por el apoyo continuo, lo que afecta el confort y, en los casos más intensos, la respiración. Por eso, no es adecuado limitarse a esperar que el cachorro “gane fuerza” sin una evaluación. La fisioterapia debe comenzar en cuanto se establece el diagnóstico y el veterinario descarta otras enfermedades. Durante las primeras semanas de vida, los huesos, las articulaciones y los patrones motores cambian con rapidez, lo que ofrece una ventana valiosa para reposicionar las extremidades y enseñar el apoyo. Esto no significa aplicar ejercicios intensos a un recién nacido. Las intervenciones son breves, frecuentes y adaptadas a la edad, la temperatura y la capacidad de alimentarse. El examen busca diferenciar el síndrome de deformidades óseas, luxación de rótula, alteraciones de cadera, enfermedades neurológicas, debilidad sistémica y deficiencias nutricionales. Las radiografías pueden evaluar el tórax y las extremidades cuando existe deformidad o duda. También es importante revisar la alimentación, el estado de la madre, el crecimiento de la camada y la superficie donde permanecen los cachorros. El entorno forma parte del tratamiento. Las superficies con buen agarre permiten que las patas encuentren apoyo; los pisos resbaladizos hacen que las extremidades sigan deslizándose hacia afuera. Las superficies blandas deben evitar el frío y la humedad. En algunos pacientes pueden utilizarse vendajes que acerquen las patas, pero deben permitir circulación, higiene y una amplitud adecuada. Una sujeción apretada o mal colocada puede causar heridas y deformidades. La fisioterapia veterinaria puede incluir posicionamiento asistido, estímulo para mantenerse de pie, movimientos articulares suaves y entrenamiento de pasos sobre una superficie con buen agarre. El plan acompaña el desarrollo varias veces por semana o según la indicación. El cachorro también necesita mamar y descansar; las sesiones largas provocan fatiga y pérdida de calor. La familia recibe instrucciones precisas para repetir solo maniobras seguras. El pronóstico suele ser favorable cuando el abordaje comienza pronto y no existe una deformidad torácica grave ni una enfermedad asociada. Los estudios y reportes describen recuperación funcional con una combinación de manejo ambiental, vendajes y rehabilitación. El tiempo varía: comparar un cachorro con videos de internet puede llevar a un exceso de ejercicio o al abandono prematuro de una estrategia que necesita ajustes. Si un cachorro no sostiene el cuerpo cuando sus hermanos ya caminan, mantiene las patas permanentemente abiertas o presenta el tórax aplanado, busque una evaluación cuanto antes. La dificultad respiratoria, el cansancio al mamar, la coloración azulada o la incapacidad para ganar peso son urgencias. La intervención precoz aprovecha la plasticidad del crecimiento y reduce el riesgo de deformidades permanentes. Referencia bibliográfica: Anatolitou, A. A.; Krystalli, A. A.; Epaminondas, D.; et al. A successful outcome in four puppies sustained swimmer puppy syndrome. Veterinary Research Communications, v. 48, n. 6, p. 4029-4036, 2024. doi: 10.1007/s11259-024-10565-z. Referencia bibliográfica: Verhoeven, G.; de Rooster, H.; Risselada, M.; et al. Swimmer syndrome in a Devon rex kitten and an English bulldog puppy. Journal of Small Animal Practice, v. 47, n. 10, p. 615-619, 2006.
Tenosinovitis bicipital en perros: dolor de hombro sin fractura
La tenosinovitis bicipital en perros es una inflamación que afecta el tendón de origen del músculo bíceps braquial y su vaina junto a la articulación del hombro. El tendón se desliza por un surco en la parte proximal del húmero y participa en la estabilidad y el movimiento de la extremidad anterior. Cuando sufre sobrecarga, degeneración o traumatismos repetitivos, el animal puede cojear sin presentar una fractura ni una herida visible. Los perros adultos, activos y de tamaño mediano o grande aparecen con frecuencia entre los pacientes, aunque la enfermedad no es exclusiva de este grupo. Las carreras, los saltos, los cambios rápidos de dirección y los movimientos repetitivos pueden contribuir. En otros casos, la inflamación aparece junto con inestabilidad del hombro, lesiones de otros tendones o alteraciones articulares. Por eso, el diagnóstico no debe darse por terminado en cuanto se encuentra sensibilidad en la región del bíceps. La cojera puede ser discreta al principio, empeorar después del ejercicio y mejorar con el reposo. El perro reduce el avance de la extremidad, evita cargar todo el peso o muestra dolor al extender el hombro mientras el codo permanece extendido. Algunos animales se resisten a subir escalones, entrar en el automóvil o jugar a buscar objetos. Al compensar la marcha, pueden desarrollar tensión cervical y sobrecarga de la extremidad opuesta. Durante la exploración, el veterinario palpa el surco bicipital y realiza movimientos que tensan selectivamente el tendón. La interpretación exige experiencia, porque el dolor del hombro, el codo o la columna cervical puede provocar respuestas similares. Comparar ambas extremidades, observar la musculatura y evaluar los reflejos ayuda a separar las causas ortopédicas de las neurológicas. El dolor en otro punto de la pata o de la extremidad también puede modificar el apoyo. Las radiografías pueden mostrar mineralización del tendón, irregularidades óseas o artrosis, aunque algunos perros presentan cambios poco evidentes. La ecografía permite observar engrosamiento, líquido en la vaina y alteraciones en la organización de las fibras. En casos seleccionados, la resonancia magnética, la artroscopia o una inyección diagnóstica guiada pueden ayudar a confirmar el origen del dolor. Ningún hallazgo debe analizarse de forma aislada. El tratamiento depende de la duración y la gravedad. Los casos sin una rotura importante pueden responder al control de la actividad, el manejo del dolor y una rehabilitación progresiva. La fisioterapia veterinaria busca recuperar la movilidad sin irritar el tendón, fortalecer los estabilizadores del hombro y corregir compensaciones. Las infiltraciones o la cirugía pueden considerarse cuando el dolor persiste, después de valorar los riesgos, las enfermedades asociadas y el objetivo funcional del paciente. El reposo debe entenderse como restricción de las actividades que provocan la lesión, no como permiso para volver a correr en cuanto mejora la cojera. Los tendones se recuperan más lentamente que muchos otros tejidos debido a su irrigación y organización. Un regreso apresurado puede convertir una mejoría inicial en una recaída. La progresión suele comenzar con paseos controlados y solo avanza cuando la exploración demuestra comodidad y estabilidad. La tenosinovitis bicipital tiene tratamiento, pero el resultado depende de reconocer todo el conjunto de alteraciones del hombro. Si la cojera de la extremidad anterior dura semanas, empeora después del ejercicio o reaparece cada vez que el perro retoma la actividad, conviene investigar el tendón del bíceps y los diagnósticos diferenciales. Evite los antiinflamatorios humanos y los ejercicios improvisados, ya que pueden ocultar signos o agravar la lesión. Referencia bibliográfica: Stobie, D.; Wallace, L. J.; Lipowitz, A. J.; King, V.; Lund, E. M. Chronic bicipital tenosynovitis in dogs: 29 cases (1985-1992). Journal of the American Veterinary Medical Association, v. 207, n. 2, p. 201-207, 1995. Referencia bibliográfica: Fossum, T. W. Small Animal Surgery. 5th ed. Elsevier, 2019.

Terapia multimodal del dolor crónico en perros con enfermedades ortopédicas
El dolor crónico en perros con enfermedades ortopédicas representa uno de los mayores desafíos en el manejo clínico, tanto por el impacto en el bienestar del paciente como por la dificultad de lograr un control adecuado y sostenido. Afecciones como la displasia de cadera, la osteoartritis secundaria, la rotura del ligamento cruzado craneal, la luxación de rótula y las patologías de columna suelen generar dolor persistente asociado a inflamación, alteraciones biomecánicas y sensibilización periférica y central. Por ello, el enfoque más aceptado actualmente es la terapia multimodal del dolor, que combina diferentes fármacos, técnicas y medidas no farmacológicas con el objetivo de actuar sobre múltiples vías fisiopatológicas del dolor. Desde el punto de vista farmacológico, los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) siguen siendo la base del tratamiento, ya que ofrecen efectos analgésicos y antiinflamatorios al reducir la producción de prostaglandinas. Sin embargo, su uso aislado suele ser insuficiente en cuadros crónicos y está limitado por los posibles efectos adversos gastrointestinales, renales y hepáticos. En este contexto, los fármacos adyuvantes son fundamentales. La gabapentina, por ejemplo, se emplea en casos de dolor neuropático o hipersensibilidad, bloqueando los canales de calcio dependientes de voltaje; la amantadina puede utilizarse como antagonista de los receptores NMDA, reduciendo la sensibilización central; y el tramadol, aunque con eficacia variable en perros, puede tener un efecto sinérgico dentro de protocolos combinados. En algunos casos, también se consideran opioides de corta duración en fases de agudización. Los nutracéuticos y las terapias de apoyo representan otro pilar importante. Compuestos como la condroitina, la glucosamina, el ácido hialurónico oral y la PEA (palmitoiletanolamida) han ganado espacio como moduladores de la inflamación y protectores del cartílago. Los ácidos grasos esenciales, especialmente el omega-3 (EPA y DHA), muestran evidencia consistente en la modulación de la respuesta inflamatoria y en la ayuda para el control del dolor crónico. La suplementación continua puede potenciar los efectos de la terapia farmacológica y reducir la necesidad de dosis más elevadas. Dentro de las terapias no farmacológicas, la fisioterapia veterinaria ocupa un papel central. Modalidades como la hidroterapia, la electroestimulación, el ultrasonido terapéutico, la laserterapia y los ejercicios dirigidos no solo contribuyen al control del dolor, sino que también mejoran la recuperación funcional, el rango de movimiento y la fuerza muscular, evitando compensaciones que podrían empeorar el cuadro. La acupuntura y, en casos seleccionados, el implante de oro en articulaciones, también han demostrado beneficios adicionales como coadyuvantes. El control del peso resulta igualmente indispensable, ya que la obesidad aumenta la sobrecarga articular y disminuye la eficacia del tratamiento. Finalmente, la educación del tutor es parte esencial de la terapia multimodal. Orientar sobre modificaciones ambientales, el uso de superficies antideslizantes, rampas o escaleras, así como sobre la importancia de la adherencia al tratamiento y de las reevaluaciones periódicas, garantiza resultados más consistentes. El manejo del dolor crónico debe entenderse como un proceso continuo, adaptado a la respuesta del paciente con el paso del tiempo, con ajustes graduales en la farmacoterapia, la rehabilitación y las medidas de apoyo. De este modo, la terapia multimodal no solo amplía la eficacia analgésica, sino que también mejora la calidad de vida y prolonga la funcionalidad de los perros con enfermedades ortopédicas. Refleja la comprensión moderna de que el dolor crónico es multifactorial y, por lo tanto, solo puede tratarse con éxito mediante estrategias combinadas. Referencias: Mathews, K. A., Kronen, P. W., Lascelles, D., Nolan, A., Robertson, S., Steagall, P. V., Wright, B., & Yamashita, K. (2014). Guidelines for recognition, assessment and treatment of pain. Journal of Small Animal Practice, 55(6), E10–E68.Johnston, S. A. (2017).
¿Cuándo puede un perro volver a usar escaleras después de una TPLO?
Volver a usar escaleras después de una TPLO no depende de una fecha igual para todos los perros. La cirugía modifica la geometría de la tibia mediante una osteotomía que se estabiliza con una placa y tornillos mientras el hueso consolida. El perro puede apoyar pronto y mostrarse dispuesto a moverse, pero eso no significa que la zona ya soporte movimientos rápidos, giros, saltos o un descenso sin control. Subir y bajar exigen tareas diferentes. Al subir, el perro debe generar fuerza con las extremidades posteriores. Al bajar, controla el peso mientras flexiona las articulaciones y mantiene el equilibrio, lo que puede ser más difícil. Los peldaños lisos, estrechos o altos aumentan el riesgo. Un animal que usa la extremidad en terreno llano todavía puede compensar, perder estabilidad o resbalar en una escalera. Durante las primeras semanas suele bloquearse el acceso libre. Cuando una escalera es inevitable para salir de casa, el cirujano puede autorizar un trayecto breve, con correa, arnés y apoyo, según el paciente. Esto es diferente de permitir que el perro suba solo varias veces al día. Cargarlo también debe ser seguro para la persona y para el animal; los perros grandes pueden necesitar una rampa temporal o un cambio de rutina. La decisión considera las radiografías de control, el dolor, la inflamación, el apoyo, la fuerza muscular y la calidad del movimiento. Una consolidación insuficiente, una infección, un problema con el implante o una cojera creciente retrasan la progresión. Incluso con radiografías favorables, un perro que pierde el equilibrio o descarga poco peso aún no está preparado para usar escaleras sin supervisión. La evaluación clínica y las imágenes se complementan. La TPLO corrige la inestabilidad asociada a la rotura del ligamento cruzado craneal, pero no elimina de inmediato la inflamación, la artrosis ni la pérdida muscular. Muchos perros ya llegan a la cirugía con atrofia del muslo. Recuperar fuerza y control neuromuscular reduce la sobrecarga sobre la rodilla y la extremidad opuesta. La fisioterapia veterinaria organiza esta progresión con ejercicios en terreno llano antes de introducir desniveles. Cuando se autoriza, el entrenamiento comienza con pocos peldaños, ritmo lento, correa corta y una superficie antideslizante. El perro no debe saltar los últimos escalones ni correr para llegar al destino. Las barreras siguen siendo útiles fuera de las sesiones supervisadas. El número de repeticiones aumenta de forma gradual y se reduce si aparecen dolor, inflamación, peor apoyo o cansancio desproporcionado. Las alfombras firmes y una iluminación adecuada hacen que el entorno sea más seguro. Los calcetines resbaladizos, las alfombras sueltas y las rampas muy inclinadas pueden aumentar el riesgo. No se deben improvisar ejercicios en escaleras para “fortalecer más rápido” sin autorización, porque el exceso de carga no acelera la consolidación. Tampoco deben usarse medicamentos para que el perro tolere una actividad para la que aún no está preparado. Contacte con el equipo veterinario si el perro resbala, se cae, deja de apoyar, presenta un chasquido acompañado de dolor, aumenta la inflamación, aparece secreción o empeora de forma repentina. En muchos pacientes, el retorno funcional ocurre progresivamente durante varias semanas, pero el calendario debe individualizarse. El momento seguro llega cuando se han reevaluado el hueso, la rodilla, la musculatura y la coordinación, y el uso de escaleras se ha incorporado expresamente al plan. Referencia bibliográfica: Monk, M. L.; Preston, C. A.; McGowan, C. M. Effects of early intensive postoperative physiotherapy on limb function after tibial plateau leveling osteotomy in dogs with deficiency of the cranial cruciate ligament. Veterinary Record, v. 159, n. 7, p. 229-234, 2006. Referencia bibliográfica: Alvarez, L. X.; Repac, J. A.; Kirkby Shaw, K.; Compton, N. Systematic review of postoperative rehabilitation interventions after cranial cruciate ligament surgery in dogs. Veterinary Surgery, v. 51, n. 2, p. 233-243, 2022. doi: 10.1111/vsu.13755.
¿La enfermedad lumbosacra puede causar incontinencia en perros?
La enfermedad lumbosacra en perros puede afectar los nervios que salen al final de la columna, una región conocida como cauda equina. Estos nervios participan en el movimiento y la sensibilidad de las patas traseras, la cola y el periné, además de una parte del control urinario y fecal. Por eso, la incontinencia puede aparecer en enfermedades graves de esta zona, pero no es el signo más común y no debe atribuirse automáticamente a la columna. En la estenosis lumbosacra degenerativa, el disco, los ligamentos, las articulaciones y las estructuras óseas reducen el espacio disponible para las raíces nerviosas. Los perros de razas grandes, especialmente los adultos activos, pueden presentar dolor al levantarse, dificultad para saltar, resistencia a subir escaleras y menor rendimiento. Algunos muestran debilidad, arrastran las uñas o pierden masa muscular. El síndrome de cauda equina describe este conjunto de dolor y déficits neurológicos. Los cambios urinarios preocupan cuando el perro no percibe que la vejiga está llena, no consigue vaciarla o pierde orina sin adoptar postura. También puede aparecer pérdida del tono anal, alteración del movimiento de la cola y reducción de la sensibilidad en el periné. Sin embargo, estos signos suelen indicar un compromiso neurológico más avanzado y requieren una evaluación rápida. La mayoría de los casos de incontinencia urinaria en perros tienen otras explicaciones. La incompetencia del mecanismo del esfínter uretral, la infección urinaria, los cálculos, la enfermedad prostática, las alteraciones hormonales, las malformaciones y el aumento de la producción de orina son diagnósticos frecuentes. El dolor intenso también puede impedir que el animal salga a tiempo y provocar accidentes que parecen incontinencia. Diferenciar escape involuntario, urgencia y retención por rebosamiento cambia por completo el tratamiento. La consulta incluye una historia detallada sobre el volumen, la frecuencia, la postura y el horario de los episodios, además de un examen neurológico y la palpación de la vejiga. El análisis de orina, el cultivo, los análisis de sangre y la ecografía evalúan el tracto urinario. Cuando existen signos compatibles con enfermedad lumbosacra, las radiografías muestran alteraciones óseas generales, mientras que la tomografía y la resonancia son más útiles para evaluar la compresión, el disco y las raíces nerviosas. Un hallazgo degenerativo en las imágenes no demuestra que la columna haya causado la incontinencia. Muchos perros adultos presentan alteraciones lumbosacras sin pérdida de orina, y los problemas urinarios pueden coexistir. La correlación entre el examen, el patrón de la vejiga y las imágenes evita cirugías o medicamentos dirigidos a la causa equivocada. En algunos casos, las pruebas urodinámicas o una evaluación especializada completan la investigación. El tratamiento de la enfermedad lumbosacra puede incluir control de la actividad, manejo del peso, analgesia prescrita, rehabilitación o descompresión quirúrgica, según el dolor, el déficit y las imágenes. La incontinencia recibe un abordaje propio y puede exigir manejo de la vejiga para evitar distensión e infección. No se debe comprimir la vejiga ni ajustar medicamentos sin capacitación y seguimiento. Busque atención urgente si el perro pierde de repente el control urinario, no consigue orinar, presenta una vejiga aumentada, debilidad progresiva, dolor intenso o pérdida de sensibilidad. Cuando los accidentes aparecen de forma gradual, la investigación sigue siendo necesaria. Separar la enfermedad lumbosacra de causas urinarias más comunes permite tratar el problema real y proteger los riñones, la vejiga, los nervios y la calidad de vida. Referencia bibliográfica: Worth, A. J.; Meij, B. P.; Jeffery, N. D. Canine Degenerative Lumbosacral Stenosis: Prevalence, Impact and Management Strategies. Veterinary Medicine: Research and Reports, v. 10, p. 169-183, 2019. doi: 10.2147/VMRR.S180448. Referencia bibliográfica: Byron, J. K.; Taylor, J. A.; Phillips, G. S.; et al. ACVIM consensus statement on diagnosis and management of urinary incontinence in dogs. Journal of Veterinary Internal Medicine, v. 38, 2024.
¿Por qué mi perro apoya el dorso de la pata delantera?
Un perro que dobla una pata delantera puede apoyar durante unos instantes el dorso de los dedos en el suelo, raspar las uñas o tardar en devolver la extremidad a su posición normal después de dar un paso. Muchos tutores describen que la pata “se gira”, “falla” o queda cerrada. Aunque un episodio aislado puede ocurrir después de un resbalón, la repetición de este movimiento no debe considerarse una simple distracción. El apoyo normal depende de la coordinación entre huesos, articulaciones y músculos, además de los nervios periféricos, la médula espinal y el cerebro. Cuando el perro no reconoce con rapidez que la pata quedó doblada, puede existir una alteración de la propiocepción. La propiocepción es la capacidad del sistema nervioso para percibir la posición de cada extremidad sin depender de la vista. Los receptores de músculos, tendones y articulaciones envían información por los nervios hacia la médula y el encéfalo; después, una respuesta motora corrige la posición. Una falla en cualquier parte de esta vía puede retrasar la corrección. Este hallazgo ayuda a localizar una lesión, pero por sí solo no identifica una enfermedad concreta. Los problemas de la columna cervical son causas importantes cuando una o ambas extremidades delanteras fallan. Las hernias discales, la compresión de la médula, los procesos inflamatorios y la inestabilidad vertebral pueden alterar la conducción de los impulsos. Según la localización y la intensidad, el animal también puede presentar dolor cervical, cabeza baja, rigidez, pasos cortos, debilidad en las cuatro extremidades o dificultad para levantarse. Algunas lesiones cervicales causan signos más evidentes delante, mientras que otras afectan primero las extremidades posteriores. También deben considerarse las lesiones de los nervios que recorren la extremidad. El nervio radial, por ejemplo, participa en la extensión del codo, el carpo y los dedos. Los traumatismos, estiramientos, compresiones prolongadas o masas pueden causar una postura anormal, disminución de la sensibilidad y dificultad para apoyar. Las alteraciones del plexo braquial pueden afectar varios nervios al mismo tiempo. La distribución de la debilidad, los reflejos y la sensibilidad ayudan a distinguir una lesión periférica de un problema localizado en la médula espinal. No todas las patas dobladas tienen un origen neurológico. El dolor intenso en el carpo, los dedos, el hombro o el codo puede hacer que el perro retire el peso rápidamente y adopte un apoyo inusual. Las uñas rotas, heridas, cuerpos extraños y lesiones tendinosas también modifican la marcha. Por eso, observar que el perro tropieza o raspa las uñas no sustituye la exploración: los trastornos ortopédicos y neurológicos pueden parecerse mucho para quien los ve en casa. En la consulta, la evaluación comienza observando la marcha en línea recta, durante los giros y a distintas velocidades. El veterinario compara fuerza, tono muscular, reflejos y reacciones posturales, además de examinar la columna y las articulaciones. Las radiografías pueden mostrar fracturas, artrosis o alteraciones vertebrales, pero no permiten visualizar adecuadamente la médula ni muchos tejidos blandos. Según la localización sospechada, pueden ser necesarias una tomografía, una resonancia magnética, pruebas de laboratorio o estudios electrodiagnósticos. Grabar el episodio ayuda mucho, sobre todo si aparece de forma intermitente. Lo ideal es filmar al perro caminando de frente, de lado y desde atrás, sin provocar repetidamente que la pata se doble. Mientras espera la consulta, reduzca los saltos, las escaleras y las carreras, mantenga al animal sobre superficies antideslizantes y proteja la piel si las uñas rozan el suelo. Los vendajes apretados o las botas improvisadas pueden perjudicar la circulación y no deben utilizarse sin orientación veterinaria. Busque atención urgente si el cambio apareció de repente, está empeorando, afecta más de una extremidad o se acompaña de dolor intenso, caídas, incapacidad para mantenerse de pie, pérdida de sensibilidad o dificultad para orinar. Aunque el perro todavía camine, el apoyo repetido sobre el dorso puede producir heridas e indicar una alteración neurológica progresiva. Una investigación temprana permite localizar el problema y elegir una conducta proporcional, evitando tanto retrasos peligrosos como tratamientos innecesarios. Referencia bibliográfica: Dewey, C. W.; da Costa, R. C. Practical Guide to Canine and Feline Neurology. 4th ed. Wiley-Blackwell, 2025. Referencia bibliográfica: Olby, N. J.; Moore, S. A.; Brisson, B.; et al. ACVIM consensus statement on diagnosis and management of acute canine thoracolumbar intervertebral disc extrusion. Journal of Veterinary Internal Medicine, v. 36, n. 5, p. 1570-1596, 2022. doi: 10.1111/jvim.16480.