
¿Por qué mi perro apoya el dorso de la pata delantera?
- Felipe Garofallo

- hace 2 días
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Un perro que dobla una pata delantera puede apoyar durante unos instantes el dorso de los dedos en el suelo, raspar las uñas o tardar en devolver la extremidad a su posición normal después de dar un paso. Muchos tutores describen que la pata “se gira”, “falla” o queda cerrada. Aunque un episodio aislado puede ocurrir después de un resbalón, la repetición de este movimiento no debe considerarse una simple distracción. El apoyo normal depende de la coordinación entre huesos, articulaciones y músculos, además de los nervios periféricos, la médula espinal y el cerebro.
Cuando el perro no reconoce con rapidez que la pata quedó doblada, puede existir una alteración de la propiocepción. La propiocepción es la capacidad del sistema nervioso para percibir la posición de cada extremidad sin depender de la vista. Los receptores de músculos, tendones y articulaciones envían información por los nervios hacia la médula y el encéfalo; después, una respuesta motora corrige la posición. Una falla en cualquier parte de esta vía puede retrasar la corrección. Este hallazgo ayuda a localizar una lesión, pero por sí solo no identifica una enfermedad concreta.
Los problemas de la columna cervical son causas importantes cuando una o ambas extremidades delanteras fallan. Las hernias discales, la compresión de la médula, los procesos inflamatorios y la inestabilidad vertebral pueden alterar la conducción de los impulsos. Según la localización y la intensidad, el animal también puede presentar dolor cervical, cabeza baja, rigidez, pasos cortos, debilidad en las cuatro extremidades o dificultad para levantarse. Algunas lesiones cervicales causan signos más evidentes delante, mientras que otras afectan primero las extremidades posteriores.
También deben considerarse las lesiones de los nervios que recorren la extremidad. El nervio radial, por ejemplo, participa en la extensión del codo, el carpo y los dedos. Los traumatismos, estiramientos, compresiones prolongadas o masas pueden causar una postura anormal, disminución de la sensibilidad y dificultad para apoyar. Las alteraciones del plexo braquial pueden afectar varios nervios al mismo tiempo. La distribución de la debilidad, los reflejos y la sensibilidad ayudan a distinguir una lesión periférica de un problema localizado en la médula espinal.
No todas las patas dobladas tienen un origen neurológico. El dolor intenso en el carpo, los dedos, el hombro o el codo puede hacer que el perro retire el peso rápidamente y adopte un apoyo inusual. Las uñas rotas, heridas, cuerpos extraños y lesiones tendinosas también modifican la marcha. Por eso, observar que el perro tropieza o raspa las uñas no sustituye la exploración: los trastornos ortopédicos y neurológicos pueden parecerse mucho para quien los ve en casa.
En la consulta, la evaluación comienza observando la marcha en línea recta, durante los giros y a distintas velocidades. El veterinario compara fuerza, tono muscular, reflejos y reacciones posturales, además de examinar la columna y las articulaciones. Las radiografías pueden mostrar fracturas, artrosis o alteraciones vertebrales, pero no permiten visualizar adecuadamente la médula ni muchos tejidos blandos. Según la localización sospechada, pueden ser necesarias una tomografía, una resonancia magnética, pruebas de laboratorio o estudios electrodiagnósticos.
Grabar el episodio ayuda mucho, sobre todo si aparece de forma intermitente. Lo ideal es filmar al perro caminando de frente, de lado y desde atrás, sin provocar repetidamente que la pata se doble. Mientras espera la consulta, reduzca los saltos, las escaleras y las carreras, mantenga al animal sobre superficies antideslizantes y proteja la piel si las uñas rozan el suelo. Los vendajes apretados o las botas improvisadas pueden perjudicar la circulación y no deben utilizarse sin orientación veterinaria.
Busque atención urgente si el cambio apareció de repente, está empeorando, afecta más de una extremidad o se acompaña de dolor intenso, caídas, incapacidad para mantenerse de pie, pérdida de sensibilidad o dificultad para orinar. Aunque el perro todavía camine, el apoyo repetido sobre el dorso puede producir heridas e indicar una alteración neurológica progresiva. Una investigación temprana permite localizar el problema y elegir una conducta proporcional, evitando tanto retrasos peligrosos como tratamientos innecesarios.
Referencia bibliográfica: Dewey, C. W.; da Costa, R. C. Practical Guide to Canine and Feline Neurology. 4th ed. Wiley-Blackwell, 2025.
Referencia bibliográfica: Olby, N. J.; Moore, S. A.; Brisson, B.; et al. ACVIM consensus statement on diagnosis and management of acute canine thoracolumbar intervertebral disc extrusion. Journal of Veterinary Internal Medicine, v. 36, n. 5, p. 1570-1596, 2022. doi: 10.1111/jvim.16480.